¿CÓMO EVITAR QUE LOS OTROS SUFRAN?

Cuando conocemos a alguien que puede ayudar a curar a los demás, o que tiene la fórmula mágica para estar mejor, para ser feliz a toda hora, para alejar los malos momentos o para conseguir algo que hasta ahora nos ha sido esquivo, irremediablemente pensamos cómo le podría servir esto al otro, a una hermana, o a la mamá, o al amigo. Pensamos en cómo ayudar a evitar el sufrimiento de quienes nos rodean y entonces ahí nos sale el SALVADOR o el HÉROE que todos llevamos dentro.

Y aunque este pueda ser un pensamiento bonito, altruista y bello, no siempre es práctico ni real. Por un momento piensa si de verdad tú tienes el poder de hacer esto con los otros, o alguien en el mundo lo tiene. Quizás lo que sí podemos hacer es ayudar a aliviar momentáneamente las cargas, a hacer más fácil el camino del otro, pero jamás cambiaremos su actitud o sus programas mentales o su sentir, que es lo que al final de cuentas determina que seamos más felices, que manejemos las situaciones que se nos presentan y actuemos congruentes con eso.

No podemos, porque nadie en realidad tiene el poder de hacer que la persona que esté a su lado deje de sufrir, puesto que el sufrimiento es una actitud mental. Cuántas veces hemos visto personas que viven situaciones críticas, pérdidas de familiares, de cosas materiales por un desastre natural, problemas físicos en su integridad, o cualquier situación adversa y sin embargo deciden que aunque les duele, no sufren por eso.

En conclusión, la única manera que tienes para ayudar a los demás es por medio de tu propio ejemplo. Tú serás la encarnación de lo que el otro quisiera aprender a ser. Siendo feliz con lo que tienes y con lo que no, actuando, haciendo, ejecutando, levantándote fuerte una y otra vez, elevando tu propia energía, enseñando y compartiendo información valiosa, que a ti mismo te ha servido. Sé claro contigo mismo en que puedes ayudar a que el equipaje del otro sea más ligero, pero eso solo podrá ser durante un tramo del camino. Luego tendrás que devolverle su carga, para que el otro algún día sea su propio ejemplo e inspiración.

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