¿POR QUÉ ROMPEMOS RELACIONES?

Todos nacemos con un poder, una energía que funciona como si fuera un imán. Éste atrae lo similar a su potencia y esa potencia o energía está constituida por la clase de pensamientos y sentimientos, la fuerza del valor propio, del amor propio, la intensidad de la energía vital que manejas, cómo son tus creencias, etc.

Entre más pensamientos de alta frecuencia elabores, más sentimientos de armonía y de amor generarás; entre más aprecies y agradezcas todo lo que te rodea empezando por ti, tu imán se hará más poderoso, tendrá más fuerza de atracción y atraerá lo que sea similar a lo tuyo. Tu pareja, tus amigos, tu trabajo, el mundo que te rodea, son simplemente la manifestación tangible de la clase de imán que tienes dentro de ti. Es decir, atraes lo que eres, repeles lo que ya no eres o lo que ya no funciona para ti, lo que ya no encaja contigo, lo que ya no tiene una fuerza similar a tu imán.

Si dos personas que estén en una relación no crecen energética o espiritualmente al  mismo ritmo o por lo menos a un ritmo parecido, puede ocurrir lo inevitable, una ruptura, un distanciamiento, un cierre de ciclo, ya que la energía de uno de los dos ha cambiado de forma tal que ya no reconoce la del  otro. Por esta razón es maravilloso cuando compartimos información, conocimiento, charlas o actividades que gustan a los dos miembros de la relación, pues estaríamos caminando de la mano, juntos, potencializándonos.

No es fácil que esto se de y cuando lo encuentras, tendrás un compañero de largo tiempo. Cuando hay alguien así para ti, llámese socio, pareja, amigo, es cuando nos sentimos plenos con el otro, por encaje de frecuencias. Las relaciones no se rompen porque sí, se rompen porque uno de los dos bajó demasiado la potencia del imán o el otro la subió tanto que ya no se siente cómodo con una energía tan baja.

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